Nuestro objetivo, en esta ponencia, es compartir diversas ideas sobre la necesidad de estimular a los profesores como personas, intentando con ello devolver al mundo educativo una cosa que no debe olvidarse: la dimensión humana de la enseñanza. Una primera versión de esta ponencia fué presentada en el XXV Congreso Anual de la ATEE (Barcelona, 2000) en un ambiente internacional, donde fue muy bien acogida. Creo pues interesante presentarla hoy en estas jornadas de ámbito español. Los discursos actuales sobre la educación están saturados de consideraciones técnicas e ideas económicas vinculadas artificialmente con los objetivos básicos de la educación. A la vez que manifestamos un gran interés por “evaluación”, “eficacia”, “responsabilidad”, etc., a menudo olvidamos los aspectos emocionales de la enseñanza. Hoy hablaremos de nosotros.

 

Por qué se ha de estimular al profesorado

Estimular al profesorado es imprescindible. Una buena enseñanza es la única manera de asegurar el progreso de la humanidad y el progreso personal de los individuos. Los profesores no son unos trabajadores corrientes. Son, en primer lugar y sobretodo, personas que tratan con personas. Los profesores son profesionales que necesitan combinar los conocimientos que han adquirido en un ámbito concreto con la capacidad de comunicar, de desvelar la curiosidad, de fomentar los descubrimientos y de llevar a cabo una gestión excelente de una experiencia humana básica. La enseñanza no es una profesión que se pueda evaluar con las pautas habituales de productividad y eficacia. El valor real de la educación sólo se puede identificar al cabo de un periodo largo de tiempo, en un futuro.

Se ha de estimular al profesorado porque dependemos de su trabajo, que es tan importante, y porque queremos que estimulen a sus alumnos y a sus colegas.

Ponemos mucho énfasis en cursos de metodología, pero a veces nos olvidamos de “hablar” con los profesores sobre cuestiones importantes relacionadas con los aspectos humanos de su profesión. En este punto, me gustaría reproducir una lista muy buena, elaborada por J.F. Marran, que detalla las cosas que el profesorado debería de saber:

  • El profesor no puede ser todo para todos.
  • Un profesor no es una “mala persona” si no puede satisfacer siempre las necesidades de todos sus alumnos.
  • El profesor es un personaje poderoso e importante en la vida de sus alumnos.
  • Al recordar sus años escolares, los alumnos recuerdan sobretodo a sus profesores más que a los cursos que siguieron.
  • El profesor ha de encontrar un “amigo crítico” en quien pueda confiar para que le sirva de caja de resonancia.
  • A veces los alumnos pueden ser muy crueles, difíciles y mezquinos.
  • Es un error tomarse la conducta inaceptable de un alumno como una cuestión personal.
  • Los profesores quieren a sus alumnos igual que sus padres, pero de una manera diferente, y por razones diferentes.
  • Pocas personas agradecerán la cantidad de tiempo y esfuerzos que los profesores dedican a su trabajo.
  • Ser profesor es una profesión peligrosa emocionalmente.
  • El profesor es a la vez un modelo a imitar y un agente de cambio.
  • El profesor ha de prestar atención a su bienestar físico y emocional.
  • Enseñar no es provocar una reacción química, sino que se parece más a la creación de un cuadro, a plantar un jardín o escribir una carta a un amigo.
  • Enseñar es una cosa complicada porque los alumnos son una mezcla inesperada de carácter, personalidad y antecedentes.
  • Los avances más significativos de la civilización han sido consecuencia del trabajo de los docentes.
  • La enseñanza es un acto de fe en la promesa del futuro.
  • La enseñanza es una manera de vivir.

Como estimular al profesorado

Estimular al profesorado es difícil si fallan algunos de los agentes que podrían tener una influencia positiva. La lista siguiente de posibles vías para estimular al profesorado puede parecer utópica, pero nuestro objetivo ha de ser llegar a una situación en la cual estas condiciones se puedan cumplir. A continuación presentamos un programa en siete apartados que incluye, en cada caso, los agentes que podrían o deberían ofrecer el soporte adecuado.

 

1) Los responsables políticos de las instituciones de gobierno, organismos, empresas e industrias deberían tener un papel activo para dar soporte al profesorado en aspectos técnicos y también en iniciativas que les sirvan de estímulo.

En todos los niveles geográficos posibles (local, regional, provincial, estatal…), las autoridades y la gente importante en todos los contextos sociales pueden hacer mucho por el profesorado, no tan solo proporcionándoles recursos, financiación o instalaciones, sino también dotándolos de unas leyes adecuadas y direcciones claras sobre el camino a seguir, mejorando a su vez los programas y los currícula… y aplicando toda clase de políticas que afecten al desarrollo profesional e impliquen un diálogo constante con el profesorado y un soporte manifiesto a su situación.

Imponer currícula, evaluar sin una información completa, producir libros de texto y tecnologías basados sólo en criterios estrictamente comerciales, y ofrecer una formación directa sin hacer uso de las actividades enseñadas anteriormente, son ejemplos de políticas deficientes. El profesorado se ha de sentir implicado y escuchado, partícipe de su aventura.

 

2) Los responsables políticos y las instituciones educativas, incluyendo las universidades, pueden fomentar las posibilidades de intercambios y cooperación entre el profesorado.

En el mundo de la educación hay muchas fronteras artificiales que se han de eliminar: las instituciones de formación inicial y las de formación permanente, las escuelas de primaria, los institutos, las universidades, etc.

Es deseable dar al profesorado la oportunidad de trabajar a tiempo parcial en diferentes niveles, llevar a cabo proyectos de investigación en temas de su interés y beneficiarse de la colaboración entre profesores en diferentes niveles y en instituciones diferentes (e incluso cambiar de materia).

A algunos profesores de ámbitos preuniversitarios les gustaría involucrarse en programas para licenciados o en proyectos de investigación; algunos investigadores universitarios que trabajan en educación querrían disponer de marcos prácticos para dar soporte a estudios… ¿Por qué los sistemas educativos hacen tan difícil el intercambio de profesores?

En una época en que hablamos tanto del aprendizaje a lo largo de la vida, quizás sería interesante revisar las posibilidades que podrían surgir como consecuencia de un uso más amplio del sistema educativo.

 

3) Las organizaciones profesionales deberían prestar más atención a los aspectos personales de sus asociados.

El papel clásico de las organizaciones profesionales ha consistido en promover las oportunidades de desarrollo profesional, dar acceso a problemáticas contemporáneas, poner en marcha esfuerzos políticos para conseguir cambios en la educación, ofrecer servicios que pueden ser interesantes para sus miembros, etc.

Para estimular al personal, las organizaciones profesionales quizás deberían reconsiderar su papel y añadir a las tareas mencionadas antes, otras acciones para promover las interacciones personales, el trabajo en colaboración entre el profesorado, oportunidades interdisciplinarias, etc.

Mientras que la mayoría de las organizaciones profesionales piden que, sobretodo, “los profesores sean reconocidos como los profesionales que son”, quizás es hora de mejorar el aspecto humano, es decir: “los profesores han de ser reconocidos como las personas que son”. Por ejemplo, se podría promover el reconocimiento social de profesores excelentes y de realidades educativas ejemplares, recompensando los éxitos obtenidos, etc.

 

4) La sociedad en general, y los padres, tutores y líderes sociales en particular, han de dotar las actividades del profesorado de unas condiciones óptimas y un reconocimiento.

Mientras que la tentación usual es restringir la atención a los edificios, organización, salarios, promoción, condiciones de trabajo, etc., a menudo hay una necesidad crucial de dar un soporte al profesorado consistente en hablarles, escucharles y tratarlos de manera generosa. Enseñar no es subarrendar. La educación ha de representar un fuerte compromiso entre todos los agentes implicados.

Se han de crear unos entornos educativos que animen al profesorado a centrarse en sus materias, sus alumnos y sus sentimientos. Esta es una cuestión clave. El profesorado ha de afrontar a la vez su situación personal, la calidad de su trabajo profesional y el interés por sus alumnos. Para mantener una motivación que permita combinar todos estos aspectos, se ha de proporcionar un entorno educativo positivo en que los profesores se puedan sentir cómodos con lo que hacen durante un largo periodo de tiempo y al mismo tiempo puedan crecer profesionalmente.

 

5) Los profesores que trabajan juntos han de mostrar una actitud constructiva hacia la necesidad de un entorno positivo y cooperativo.

Hemos de afrontar el problema real: en muchos casos la primera cosa que el profesorado encuentra problemática es la falta de una atmósfera cordial entre sus propios colegas. Los diferentes grupos de profesores, organizados en seminarios, departamentos o grupos, han de intentar establecer una rica relación de cooperación y abrir las puertas a la innovación y la creatividad. Intercambiar informaciones y experiencias, compartir ideas y proyectos, colaborar en la preparación de actividades, beneficiarse de la confianza amistosa y encargar tareas educativas según la cualificación de los diferentes profesores… son pasos positivos para la creación de una mejor atmósfera educativa. En nuestro mundo tecnológico, este tipo de colaboración entre colegas será más necesaria que nunca.

También se ha de estimular a la gente joven y bien preparada para que se dediquen a la enseñanza. Realmente, en la profesión docente necesitamos reclutar muchas personas de talento. Pero para hacerlo posible, hemos de actuar sistemáticamente a lo largo del sistema educativo, desde un principio. La gente muy joven ha de ver que los profesores tienen el respeto y el soporte de todos, tanto en la escuela como en la sociedad. Evidentemente, los recursos son cruciales, pero sin un reconocimiento social será muy difícil que la profesión docente aparezca atractiva para las jóvenes generaciones.
El problema no es tanto “encontrar gente”, sino convencer a los mejores para que se dediquen a la educación. Se han de mostrar los aspectos duros de la docencia, así como la compensación de sus resultados.

La idea de guiar los nuevos profesores promoviendo su desarrollo profesional también puede ser estimulante para gente más experimentada.

 

6) Los alumnos han de mostrar interés, trabajar y participar, y respetar a los profesores y confiar en ellos.

Hemos de convencer a los estudiantes que no son ni “espectadores” ni “víctimas” de sus profesores. Nos gustaría que los estudiantes estuviesen interesados; que se diesen cuenta que el aprendizaje es una gran actividad; que están construyendo su propio futuro; que una buena conducta es esencial… Nos gustaría que los alumnos confiasen en sus profesores y que colaborasen, que pensasen en ellos no solamente en relación a las asignaturas y a las clases, sino que los considerasen agentes importantes en sus vidas. El profesorado es sobretodo un agente de cambio que hace posible el crecimiento de los alumnos en todos los sentidos de la palabra.

Un desafío muy importante de cara al futuro cercano es la planificación del aula del siglo XXI, un lugar de aprendizaje que conecte con las posibilidades de hoy día y con las expectativas y objetivos de los alumnos actuales. Hemos de estimular al profesorado para que sea innovador, para que introduzca cambios espectaculares en el estilo tradicional de impartir las clases y pase del objetivo de enseñar al paradigma de aprender.

 

7) Todos los profesores han de estar orgullosos de su trabajo y reconocer la importancia y influencia de la experiencia educativa.

Como se ha afirmado a menudo, la enseñanza y el aprendizaje son un viaje en que los profesores hacen de guías en la aventura del descubrimiento. Este viaje con las jóvenes generaciones es el único camino que podemos seguir para construirles un futuro sólido. No es posible estimular desde afuera el profesorado si no hay una conciencia personal de la importancia de la enseñanza.

 

Una carta a los profesores

En el apartado anterior pedía a los diferentes actores que prestasen atención a la enseñanza. Para ser coherente conmigo mismo, creo que he de contribuir personalmente a estimular al profesorado. Lo haré a continuación en forma de carta.

Estimados profesores y profesoras,

Durante muchos años he tenido la oportunidad de ver lo que hacen en muchos niveles y en un gran número de lugares diferentes. Los responsables políticos continúan promulgando leyes y diseñando curriculums, los consejos escolares piden esfuerzos suplementarios, los padres piden cada día más cosas, los alumnos no siempre expresan su soporte, sus colegas no siempre les hacen la vida fácil… Siempre hay cambios en perspectiva, la tecnología abre oportunidades maravillosas… Pero no hay muchas situaciones que compensen y que expresen sentimientos. Déjenme hacer una pequeña contribución y decirles brevemente en esta carta tres cosas muy elementales que quizás les guste sentir:

En primer lugar, gracias por todo lo que hacen. Les quiero agradecer su interés en la profesión y en los alumnos, su generosidad en esta tarea tan exigente y su implicación en su labor. Les agradezco todas las horas que han robado a su vida familiar y personal porque han hecho de la enseñanza una aventura personal indisociable de su propia vida.

En segundo lugar, me gustaría decirles que su trabajo es importante. Sí, somos modelos y agentes de cambio. Todos nosotros, la familia educativa, estamos sembrando las semillas del futuro. Nuestro legado es proyectar a la vez nuestra experiencia, nuestro entusiasmo y nuestra pasión a la próxima generación. Y esto no se puede pagar con dinero de ningún tipo. Es el mejor legado que podemos ofrecer.

Finalmente, me gustaría recordarles que no estamos solos. Nosotros, los profesores, somos un gran grupo que nos interesamos por la gente, estamos abiertos a la innovación y al cambio, a compartir nuevos objetivos y desafíos. La única cosa que pedimos es respeto y colaboración.

Buena suerte! ¡Su futuro es nuestro futuro!

Afectuosamente, Claudi Alsina